Lisboa, capital del país vecino y rodeada por el río Tajo en su desembocadura al Atlántico

Como en todas las ciudades con encanto, Lisboa reúne una gran cantidad de cosas para hacer y visitar. Os voy a contar algunas experiencias por si pueden ayudar en próximas visitas.

De día no se puede dejar de visitar el barrio Baixa- Chiado y la Alfama. Las calles son curiosas y en ellas se ven interesantes edificios. Es buena idea coger un tranvía (1,35 €, el billete) para subir a la Alfama (número 28) porque son calles muy inclinadas y, además, el recorrido es divertido. Desde arriba se puede ver el río y parte de la ciudad.

Otra visita diferente es el recinto de la Expo, donde se encuentra el Oceanográfico (11 € adulto) y un teleférico que recorre un tramo sobre el río (2,40 € sólo ida). Hay numerosos lugares para comer de estilo internacional así como el centro comercial Vasco da Gama (como el famoso puente). Para llegar allí, si se hace vía metro, se llega a la estación diseñada por Calatrava.

El metro es una buena idea, contando con que la ciudad está llena de cuestas. Hay billetes sencillos (1,25 €) y bonos de 10 viajes (7, 50 € aprox.) Tomar un taxi tampoco es muy caro (para ir desde Saldanha al aeropuerto, con maletas, nos cobraron 7 €).

De noche se puede ir por distintos sitios, discotecas en Cais do Sodré y bares de copas por el Rossio, cerca de la calle del Norte (caracterizada por las tiendas curiosas que alberga).

Parques, museos e iglesias los hay donde quiera que vayas.

La Avenida de la Liberdade es la gran vía de la ciudad que enlaza la Plaza Marqués de Pombal con Restauradores. En ella encontramos tiendas, cafés y hoteles.

Por último, tres detalles que pueden ser útiles: los aperitivos que sacan antes de la comida en los restaurantes, los cobran también (así como el pan, la mantequilla, queso...); el idioma oficial es el portugués pero con el castellano se entienden perfectamente; y la comida es parecida a la española de la que destacan sus pescados (bacalao) y sus mariscos.

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